Multitarea y aprendizaje
Damián Francis
Es
probable que, en más de una ocasión, hayas encontrado a tu hijo realizando la
tarea del colegio o la universidad mientras escucha música, con el teléfono
celular sobre la mesa y varias ventanas abiertas en el computador. A este tipo
de acción se le llama multitarea y constituye uno de los fenómenos más
estudiados en el ámbito de la educación. Los jóvenes, y no tan jóvenes, la
consideran un superpoder. Sin embargo, existe una disonancia entre el
aprendizaje y la multitarea. Para ser más precisos, durante las más de tres
décadas que se ha estudiado este fenómeno, los resultados han arrojado que el
ejercicio de la multitarea en el proceso de aprendizaje puede ser considerado
como un mito transmitido de generación en generación.
Según
Holmes (2016), la multitarea es la acción de realizar dos o más tareas de
manera simultánea o la práctica de alternarlas; por ejemplo, detener la lectura
de un texto para ver un mensaje en el celular. La multitarea podría
considerarse un superpoder, siempre y cuando no estemos hablando del proceso de
aprendizaje. Breznitz y Hemingway (2012) plantean que el cerebro humano aprende
mejor cuando la atención se centra en una sola tarea. Cuando una persona se
concentra y presta atención a una acción, existen altas posibilidades de que se
forme, lo que se conoce como la memoria declarativa, que, de acuerdo con Foerde
et al. (2006, como se citó en Holmes, 2016), esta forma de aprendizaje es
aquella que se lleva a cabo en el momento en el que los individuos deben
aplicar lo aprendido de manera consciente e idónea en diversos contextos en los
que se requiere la resolución de problemas. Portero-Tressera et al. (2023), señalan
que, en la memoria declarativa, la información puede hacerse accesible a la
conciencia y expresarse a través del habla o la escritura. A diferencia de la
memoria procedimental que genera decisiones inconscientes o automáticas. Según
Bowman (2010), cada vez que una persona inmersa en el proceso de aprendizaje se
distrae, necesita tiempo para volver a concentrarse y retomar la idea de lo que
estaba estudiando. En sus trabajos de investigación sobre multitarea, descubrió
que quienes la practican tardan entre un 22 y un 59% más en concluir sus
actividades que quienes se concentran en una sola tarea.
El
fenómeno es más preocupante cuando los docentes desconocen el impacto de la
multitarea para el aprendizaje. Muchos educadores desarrollan actividades en
las que, de manera simultánea, colocan música de fondo. Cuando se implementa esa
práctica, los educandos dividen su atención entre dos estímulos diferentes. El
cerebro, según plantean algunos expertos, tenderá a elegir al que le provoque
mayor placer, por lo general, podría ser la música. Al final, la actividad se
llevará a cabo, pero, lo más probable es que la que permanezca en la memoria
sea la canción y no el aprendizaje esperado.
Como
ocurre con todos los mitos, muchos estudiantes tienen la certeza de que
aprenden mejor cuando realizan sus tareas con música de fondo. No obstante, los
estudios contradicen esa creencia. Willingham (2010) afirmó que los seres
humanos solo recuerdan aquellos aspectos en los que piensan. Por ende, el
aprendizaje se lleva a cabo si la atención se centra en una sola tarea. De
hecho, Benett, Maton y Kervin (2008) sostienen que los resultados de diversos
experimentos confirman que existe una diferencia significativa entre el desempeño
de las personas que ejecutan la multitarea y el de aquellas que no lo hacen. Según
estos autores, los participantes a quienes no se les permitió realizar la
multitarea obtuvieron mejores resultados en las pruebas de aprendizaje.
La
reflexión conduce al análisis de los entornos educativos, donde con frecuencia se
confunde la metodología con los recursos tecnológicos. No es extraño escuchar
personas afirmar que, para mejorar los aprendizajes de los estudiantes basta
con incorporar más recursos tecnológicos. Nada más lejano de la realidad. De
acuerdo con los estudios sobre el tema, mientras menos distractores existan,
mayores serán las posibilidades para que se produzca aprendizaje genuino. En
los experimentos realizados por Hembrooke y Gay (2003) se comprobó que el uso
de computadores en el aula puede reducir la comprensión de los contenidos
debido a la tentación de realizar multitarea. Los participantes del estudio se
distraían con frecuencia buscando información en internet. Dicho sea de paso,
los recursos tecnológicos facilitan el aprendizaje, siempre y cuando no
interfieran en la concentración de los estudiantes durante aquellas actividades
que requieren la atención sostenida para realizar una tarea en particular.
Otros trabajos de investigación han demostrado que, cuando se les asigna una
tarea específica en el computador, los educandos suelen abrir varias pestañas
para revisar correos, acceder a las redes sociales o buscar información ajena a
la asignación. Cuando esto se produce, se incurre en la multitarea y, por ende,
disminuyen las posibilidades de aprendizaje.
De ninguna manera se plantea la eliminación de la tecnología en una época en la que su uso resulta imprescindible, pero es necesario crear conciencia sobre los efectos de la multitarea. Los jóvenes deben saber que no es un superpoder, sino un obstáculo para el aprendizaje que afecta su memoria declarativa, la calidad de su desempeño y el tiempo necesario para completar la tarea. La capacidad de mantener la atención constituye un desafío que debe asumirse con seriedad. Para deconstruir este mito, es fundamental que los docentes y padres, en vez de incentivar la multitarea, se conviertan en orientadores que promuevan una cultura de concentración en la tarea de aprendizaje de la intención pedagógica que se persigue.
Referencias
Bennett, S., Maton, K., & Kervin, L. (2008). The ‘digital natives’ debate: A critical review of the evidence. British Journal of Educational Technology, 39(5), 775–786.
Bowman, L. L., Levine, L. E., Waite, B. M., &
Gendron, M. (2010).
Can students really multitask? An experimental study of instant messaging while
reading. Computers & Education, 54(4), 927–931. https://doi.org/10.1016/j.compedu.2009.09.024
Breznitz, S., & Hemingway, C. (2012). Maximum brainpower: Challenging the brain for
health and wisdom. Ballantine Books.
Hembrooke, H., & Gay, G. (2003). The laptop and the lecture: The effects of
multitasking in learning environments. Journal of Computing in Higher
Education, 15(1), 46–64.
Holmes, J. D. (2016). Great myths of education and learning. Wiley-Blackwell.
Portero-Tressera,
M. (Coord.), Ferrero, M., & Ibáñez, A. (2023). Evidencias
y mitos en educación: Aportaciones de la psicología y las neurociencias. Fundación SM.