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miércoles, 12 de agosto de 2026

 


Estilos de Aprendizaje

  

Una de las teorías que más controversia genera en el ámbito pedagógico es la de los estilos de aprendizaje. Hasta la fecha, se ha llevado a cabo una cantidad considerable de estudios para comprobar su validez. Sin embargo, la evidencia disponible no ha demostrado de manera consistente su validez ni que adaptar la enseñanza de estos supuestos estilos mejore el aprendizaje. Por tal razón, muchos académicos catalogan esta creencia como un mito. A continuación, se explica qué son los estilos de aprendizaje, qué incidencia tienen en la filosofía de enseñanza de los docentes, cómo los aplican en su práctica pedagógica y cuáles son algunas de las consecuencias en los aprendizajes de los estudiantes.

De acuerdo con Holmes (2016), los estilos de aprendizaje son las preferencias individuales de los estudiantes para aprender nueva información. Es decir que, según algunos autores, la preferencia de los alumnos sobre cómo se les presenta la información determina la efectividad del aprendizaje. Esto incluye las técnicas, los recursos y el entorno donde se construye el conocimiento. Existen varias teorías sobre la clasificación de los estilos de aprendizaje, pero en este trabajo solo se presentan los más conocidos por el profesorado dominicano, entiéndase: el auditivo, visual y kinestésico. El primero hace referencia a la preferencia por los sonidos, las conversaciones y explicaciones de manera oral. El segundo consiste en la predilección por las representaciones escritas, los mapas, los diagramas, las imágenes, etc. Y el tercero se refiere a la preferencia por el movimiento, la experiencia directa, la realización de actividades físicas y la manipulación de lo que se pretende aprender.

Es importante señalar que una cosa es la predilección de los estudiantes y otra, la manera en que funciona el canal sensorial para el aprendizaje. En los estudios realizados por Coffield et al. (2004), se señalaron importantes problemas conceptuales, psicométricos y metodológicos en numerosos modelos de estilos de aprendizaje, cuestionando la solidez de su utilización para clasificar a los estudiantes y orientar la enseñanza. Así que la hipótesis de que, dependiendo de la preferencia del alumno, el aprendizaje es más efectivo se debilita. Stahl (1999), por su parte, tomó una muestra de estudiantes para aplicar la instrucción considerando los estilos de aprendizaje preferidos de cada uno. Se esperaba que, cuando finalizara la instrucción y se evaluara a los alumnos a través de una prueba, los resultados arrojaran que los que expresaron ser auditivos aprobarían la prueba de auditivos, los visuales, la de visuales y los kinestésicos, la de los kinestésicos. Empero, no sucedió así: los resultados no lo evidenciaron. Por tal razón, el autor criticó la fiabilidad de las pruebas.

La reflexión sobre este fenómeno se orienta hacia la filosofía de enseñanza de los docentes, quienes están convencidos de que gran parte del éxito de su práctica depende de su capacidad para identificar los diferentes estilos de aprendizaje de sus estudiantes. Imagínense: si la premisa de la que se parte para planificar está basada en un mito, ¿cómo podrían obtenerse los resultados de aprendizaje esperados? Aunque es bueno resaltar que la estrategia de incluir una diversidad de actividades para presentar la información es validada por algunos trabajos de investigación, partiendo de la premisa de que la utilización de diferentes representaciones y modalidades puede favorecer el aprendizaje cuando estas son pertinentes para la naturaleza del contenido y contribuyen a establecer relaciones significativas entre las representaciones. Esos resultados no validan la creencia sobre los estilos de aprendizaje porque no guardan relación alguna con ella. En ese sentido, Portero-Tressera et al. (2023) señalan que la modalidad sensorial en la que se presenta la información no se determina por el estilo de aprendizaje de los estudiantes, sino que es el objeto de estudio el que indica la pertinencia de la modalidad sensorial idónea para la enseñanza. Los autores presentan un ejemplo para aprender música. Explican que el canal auditivo es el más apropiado para ello, por lo que, si se utiliza otro, los resultados no serían los esperados.

No se puede negar que la teoría de los estilos de aprendizaje es muy atractiva y, en cierto modo, tiene lógica, ya que tiende a confundirse con la diversidad de modalidades para exponer a los estudiantes al objeto de estudio. Por ejemplo, Reid (1987) desarrolló un instrumento para identificar preferencias perceptuales; sin embargo, estudios posteriores han cuestionado su fiabilidad y su validez de constructo. Asimismo, Dunn et al. (1995) publicaron los resultados de sus estudios sobre la hipótesis de correspondencia sobre la efectividad del aprendizaje cuando se consideran las preferencias de los estudiantes. Por ejemplo, según esta hipótesis, los estudiantes auditivos aprenden mejor si la instrucción se realiza de manera auditiva. No obstante, estudios posteriores obtuvieron resultados totalmente divergentes. Lo cierto es que, a lo largo de la historia, los supuestos trabajos de investigación que presentan resultados, afirmando la supuesta correspondencia entre las preferencias de los estudiantes y los resultados de aprendizaje, posteriormente no han podido ser reafirmados en otros estudios.

Algunas de las consecuencias de la creencia sobre los estilos de aprendizaje son que se puede cometer el error de hacer un diagnóstico basado en un mito que, a su vez, configura la práctica del docente en torno a la clasificación de los estudiantes de acuerdo con su predilección sensorial. Este tipo de decisiones privaría de exponer a la generalidad de los estudiantes a diversas formas de aproximarse a la información, cuando lo ideal es la diversificación de la propuesta docente, debido a que nuestras modalidades sensoriales (vista, oído, tacto, gusto y olfato) están bien estudiadas y se conoce su ubicación a nivel cortical. Por ejemplo, el funcionamiento perceptivo requiere la interacción entre las modalidades sensoriales. De acuerdo con Portero-Tressera et al. (2023): “Para poder integrar todas las informaciones, darles un significado y saber que aquello que veo, es aquello que oigo, que huele de esta manera y que tiene esta textura concreta.”

En conclusión, la evidencia disponible que permita afirmar que las teorías de los estilos de aprendizaje cumplen con el rigor científico es poco concluyente, por lo que puede ser considerada un mito. Un mito que perjudica la validez del diagnóstico de los educadores. Cuando esto se produce, se corre el riesgo de tomar decisiones basadas en premisas erróneas que afectan la práctica docente y, a su vez, los aprendizajes de los estudiantes, privándolos de la diversificación de actividades que los expongan a diversas situaciones en las que se presente la información a través de las distintas modalidades sensoriales. Los estudios demuestran que los seres humanos necesitan integrar información procedente de todas las modalidades sensoriales para comprender la información fragmentada extraída de sus sentidos. En educación existe un principio inexorable, el cual afirma que, para lograr una práctica pedagógica exitosa, se debe conocer a los estudiantes.

 

Referencias

Coffield, F., Ecclestone, K., Moseley, D., & Hall, E. (2004). Learning styles in post-16 learning: A systematic and critical review. Learning and Skills Research Centre.

Dunn, R., Griggs, S. A., Olson, J., Beasley, M., & Gorman, B. S. (1995). A meta-analytic validation of the Dunn and Dunn model of learning-style preferences. The Journal of Educational Research, 88(6), 353–362. https://doi.org/10.1080/00220671.1995.9941181

Holmes, J. D. (2016). Myth: Students learn better when teaching methods match their preferred learning style. En J. D. Holmes (Ed.), Great myths of education and learning (pp. 49–65). Wiley.

Portero-Tressera, M., Ferrero, M., & Ibáñez, A. (2023). Evidencias y mitos en educación: Aportaciones de la psicología y las neurociencias. Fundación SM.

Reid, J. M. (1987). The learning style preferences of ESL students. TESOL Quarterly, 21(1), 87–111. https://doi.org/10.2307/3586356

Stahl, S. A. (1999). Different strokes for different folks? A critique of learning styles. American Educator, 23(3), 27–31.

 

lunes, 10 de agosto de 2026

 


Multitarea y aprendizaje

 

Damián Francis

Es probable que, en más de una ocasión, hayas encontrado a tu hijo realizando la tarea del colegio o la universidad mientras escucha música, con el teléfono celular sobre la mesa y varias ventanas abiertas en el computador. A este tipo de acción se le llama multitarea y constituye uno de los fenómenos más estudiados en el ámbito de la educación. Los jóvenes, y no tan jóvenes, la consideran un superpoder. Sin embargo, existe una disonancia entre el aprendizaje y la multitarea. Para ser más precisos, durante las más de tres décadas que se ha estudiado este fenómeno, los resultados han arrojado que el ejercicio de la multitarea en el proceso de aprendizaje puede ser considerado como un mito transmitido de generación en generación.

Según Holmes (2016), la multitarea es la acción de realizar dos o más tareas de manera simultánea o la práctica de alternarlas; por ejemplo, detener la lectura de un texto para ver un mensaje en el celular. La multitarea podría considerarse un superpoder, siempre y cuando no estemos hablando del proceso de aprendizaje. Breznitz y Hemingway (2012) plantean que el cerebro humano aprende mejor cuando la atención se centra en una sola tarea. Cuando una persona se concentra y presta atención a una acción, existen altas posibilidades de que se forme, lo que se conoce como la memoria declarativa, que, de acuerdo con Foerde et al. (2006, como se citó en Holmes, 2016), esta forma de aprendizaje es aquella que se lleva a cabo en el momento en el que los individuos deben aplicar lo aprendido de manera consciente e idónea en diversos contextos en los que se requiere la resolución de problemas. Portero-Tressera et al. (2023), señalan que, en la memoria declarativa, la información puede hacerse accesible a la conciencia y expresarse a través del habla o la escritura. A diferencia de la memoria procedimental que genera decisiones inconscientes o automáticas. Según Bowman (2010), cada vez que una persona inmersa en el proceso de aprendizaje se distrae, necesita tiempo para volver a concentrarse y retomar la idea de lo que estaba estudiando. En sus trabajos de investigación sobre multitarea, descubrió que quienes la practican tardan entre un 22 y un 59% más en concluir sus actividades que quienes se concentran en una sola tarea.

El fenómeno es más preocupante cuando los docentes desconocen el impacto de la multitarea para el aprendizaje. Muchos educadores desarrollan actividades en las que, de manera simultánea, colocan música de fondo. Cuando se implementa esa práctica, los educandos dividen su atención entre dos estímulos diferentes. El cerebro, según plantean algunos expertos, tenderá a elegir al que le provoque mayor placer, por lo general, podría ser la música. Al final, la actividad se llevará a cabo, pero, lo más probable es que la que permanezca en la memoria sea la canción y no el aprendizaje esperado.

Como ocurre con todos los mitos, muchos estudiantes tienen la certeza de que aprenden mejor cuando realizan sus tareas con música de fondo. No obstante, los estudios contradicen esa creencia. Willingham (2010) afirmó que los seres humanos solo recuerdan aquellos aspectos en los que piensan. Por ende, el aprendizaje se lleva a cabo si la atención se centra en una sola tarea. De hecho, Benett, Maton y Kervin (2008) sostienen que los resultados de diversos experimentos confirman que existe una diferencia significativa entre el desempeño de las personas que ejecutan la multitarea y el de aquellas que no lo hacen. Según estos autores, los participantes a quienes no se les permitió realizar la multitarea obtuvieron mejores resultados en las pruebas de aprendizaje.

La reflexión conduce al análisis de los entornos educativos, donde con frecuencia se confunde la metodología con los recursos tecnológicos. No es extraño escuchar personas afirmar que, para mejorar los aprendizajes de los estudiantes basta con incorporar más recursos tecnológicos. Nada más lejano de la realidad. De acuerdo con los estudios sobre el tema, mientras menos distractores existan, mayores serán las posibilidades para que se produzca aprendizaje genuino. En los experimentos realizados por Hembrooke y Gay (2003) se comprobó que el uso de computadores en el aula puede reducir la comprensión de los contenidos debido a la tentación de realizar multitarea. Los participantes del estudio se distraían con frecuencia buscando información en internet. Dicho sea de paso, los recursos tecnológicos facilitan el aprendizaje, siempre y cuando no interfieran en la concentración de los estudiantes durante aquellas actividades que requieren la atención sostenida para realizar una tarea en particular. Otros trabajos de investigación han demostrado que, cuando se les asigna una tarea específica en el computador, los educandos suelen abrir varias pestañas para revisar correos, acceder a las redes sociales o buscar información ajena a la asignación. Cuando esto se produce, se incurre en la multitarea y, por ende, disminuyen las posibilidades de aprendizaje.

 De ninguna manera se plantea la eliminación de la tecnología en una época en la que su uso resulta imprescindible, pero es necesario crear conciencia sobre los efectos de la multitarea. Los jóvenes deben saber que no es un superpoder, sino un obstáculo para el aprendizaje que afecta su memoria declarativa, la calidad de su desempeño y el tiempo necesario para completar la tarea. La capacidad de mantener la atención constituye un desafío que debe asumirse con seriedad. Para deconstruir este mito, es fundamental que los docentes y padres, en vez de incentivar la multitarea, se conviertan en orientadores que promuevan una cultura de concentración en la tarea de aprendizaje de la intención pedagógica que se persigue.

Referencias

Bennett, S., Maton, K., & Kervin, L. (2008). The ‘digital natives’ debate: A critical review of the evidence. British Journal of Educational Technology, 39(5), 775–786.

Bowman, L. L., Levine, L. E., Waite, B. M., & Gendron, M. (2010). Can students really multitask? An experimental study of instant messaging while reading. Computers & Education, 54(4), 927–931. https://doi.org/10.1016/j.compedu.2009.09.024

Breznitz, S., & Hemingway, C. (2012). Maximum brainpower: Challenging the brain for health and wisdom. Ballantine Books.

Hembrooke, H., & Gay, G. (2003). The laptop and the lecture: The effects of multitasking in learning environments. Journal of Computing in Higher Education, 15(1), 46–64.

Holmes, J. D. (2016). Great myths of education and learning. Wiley-Blackwell. 

Portero-Tressera, M. (Coord.), Ferrero, M., & Ibáñez, A. (2023). Evidencias y mitos en educación: Aportaciones de la psicología y las neurociencias. Fundación SM. 

 

jueves, 23 de julio de 2026

 Critical Thinking and Post-Truth


“A lie wins battles, but the truth wins the war.”Socrates

 It is common to hear experts in the field of education assert that there are four essential competencies that today's generation of students must develop in order to succeed in the contemporary world and in the one that is still taking shape. Although it is impossible to predict the future, these competencies are fundamental for individuals to function effectively in any context, as they are central to successful human interaction and to coping with the challenges of everyday life. These competencies are communication, collaboration, creative thinking, and critical thinking. The latter, however, is increasingly threatened by the practices associated with the post-truth era. What is critical thinking, and how is its development being undermined by the tactics of post-truth, particularly through the ecosystem of cyberspace?

According to the Bases for Curriculum Review and Updating (2018), critical thinking is the practice of questioning the foundations of one's own ideas as well as those of others in order to promote greater levels of freedom and foster humanism. In essence, it is the habitual practice of examining the truthfulness of the information upon which judgments and opinions are based, while taking into account the interests of those who produce such information and the contexts in which it is communicated. In other words, the competency of critical thinking seeks, on the one hand, to deconstruct the myths of subjective reality and move toward objective reality through the analysis and questioning of our own judgments and beliefs. On the other hand, it encourages us to examine and evaluate the information and opinions expressed by others, considering their sources, underlying interests, and consistency in comparison with other available evidence.

According to the Collins English Dictionary, post-truth refers to "the disappearance of commonly accepted objective standards of truth." In this regard, Naím (2022) explains that post-truth consists of destabilizing people's perception of reality; in essence, it is the confusion that arises in our minds regarding what is true and what is false.

In this regard, educators must pay particular attention to a post-truth phenomenon that is becoming increasingly prevalent among pre-university and higher education students: the tendency to label as conspiracy theorists those who apply critical thinking to certain types of information, especially information obtained from the Internet. According to the Dictionary of the Royal Spanish Academy (RAE), conspiranoia is "the tendency to interpret certain events as the result of a conspiracy." It is important to emphasize that conspiratorial thinking is a genuine psychological phenomenon that affects many individuals. However, young students often struggle to distinguish between the legitimate exercise of critical thinking and a mindset characterized by attributing every event to a malicious plan orchestrated by political and economic elites to manipulate and exploit the masses. The reality is that the Internet is flooded with misinformation and hoaxes designed to distort the truth, create confusion, and manipulate public perception.

A clear example can be found on social media platforms, where misleading stories and fabricated claims are frequently disseminated with the intention of influencing public opinion. Internet users are exposed to these posts and often read the comments supposedly written by people reacting to the false information. Consequently, many conclude that a significant portion of the population—whether local or global, depending on the scope of the hoax—shares a particular viewpoint. What they often fail to realize, however, is that, first, the information itself is false and, second, many of the comments are generated by armies of automated bots programmed to express those opinions. These comments are typically strikingly similar because their purpose is precisely to create the illusion of widespread consensus and thereby shape public opinion.

For this reason, educators must address this issue directly and raise students' awareness that many of them are becoming victims of the malicious intentions of the post-truth era, driven by manipulators pursuing agendas designed to create a legion of individuals incapable of discerning the truth or defending their own interests. It is the mission of educators to guide students so that they are not manipulated or indoctrinated into supporting actions that ultimately harm them and lead to their own detriment. Education must empower learners to question, analyze, and evaluate information independently rather than passively accepting narratives imposed by others.

I believe that we must make our students aware of the dangers posed by the post-truth phenomenon and of what is happening with online news and bot-generated comments. Likewise, they should recognize the importance of critically examining not only their own beliefs, judgments, and opinions but also those of others. Through the development of critical thinking, students come to understand the collective power that citizens possess to prevent wars, combat environmental degradation, oppose the legalization and consumption of harmful substances, influence public policies, demand accountability from those who violate the law, improve quality of life, challenge abuses of power, and protect a nation's public resources from corruption and exploitation, among many other social objectives. Critical thinking is the most powerful weapon for achieving better living conditions. It is through this capacity that we expose those who act with malice and deception while recognizing those who genuinely serve the common good. Critical consciousness is the ultimate goal; it must be cultivated not only as an intention but also as a sustained course of action.

References

Collins Dictionary. (n.d.). Post-truth. In Collins English Dictionary. HarperCollins Publishers. https://www.collinsdictionary.com/dictionary/english/post-truth

Ministerio de Educación de la República Dominicana. (2018). Bases de la revisión y actualización curricular. MINERD.

Naím, M. (2022). La revancha de los poderosos: Cómo los autócratas están reinventando la política para el siglo XXI. Debate.

Real Academia Española. (n.d.). Conspiranoia. In Diccionario de la lengua española (23.ª ed.). https://dle.rae.es/conspiranoia

Note: This article was originally written in Spanish by Damián Francis Melenciano. The English translation was generated with the assistance of artificial intelligence and subsequently reviewed by the author.

domingo, 15 de diciembre de 2024



 Sobre la Línea 


Estimado lector,

Me gustaría que compartas tus comentarios sobre mi obra "Sobre la Línea". Me encantaría saber cuáles han sido tus historias favoritas y por qué. 


Atentamente, 

Damián Francis 



 


Sobre la Línea 







domingo, 14 de mayo de 2023

 

Pensamiento Crítico y Posverdad

 

“La mentira gana partidas, pero la verdad gana el juego”. Sócrates

 

Con frecuencia, se escucha a los expertos en el ámbito educativo afirmar que existen cuatro competencias esenciales para la presente generación de estudiantes, las cuales deben desarrollarse con el propósito de que los discentes sean exitosos en el mundo actual y el que está en proceso de gestación. Aunque es imposible predecir el futuro, las siguientes capacidades son fundamentales para el desenvolvimiento de las personas en cualquier contexto, ya que son medulares para la eficacia en los procesos de interacción humana y para afrontar cualquier situación de la vida. Estas competencias son: la comunicativa, la de colaboración, la de pensamiento creativo y la de pensamiento crítico. Esta última se está viendo amenazada por las prácticas llevadas a cabo por la posverdad. ¿Qué es el pensamiento crítico y cómo está siendo atacado su desarrollo por las tácticas de la posverdad, principalmente a través del ecosistema constituido por el ciberespacio?

De acuerdo con las Bases de la Revisión y Actualización Curricular (2018), el pensamiento crítico consiste en el ejercicio de cuestionar los fundamentos de las ideas propias y ajenas, con la finalidad de promover mayores niveles de libertad y fomentar el humanismo. Se trata, en esencia, de la práctica consuetudinaria de analizar la veracidad de las informaciones en las que se basan los juicios y las opiniones, considerando los intereses de las personas y los contextos en los que dichas informaciones son emitidas. En otras palabras, la competencia de pensamiento crítico persigue, por un lado, deconstruir los mitos de la realidad subjetiva y llegar a la realidad objetiva a través del análisis y cuestionamiento de nuestros propios juicios y creencias, y, por otro lado, cuestionar y analizar las informaciones y opiniones emitidas por otros, tomando en cuenta las fuentes de las que proceden, sus intereses y comparándolas entre sí.

Por otro lado, según el Collins English Dictionary, la “posverdad” es “la desaparición de los criterios objetivos comunes sobre la verdad”. En este sentido, Naím (2022) explica que la posverdad consiste en la acción de tambalear los sentidos que los humanos tienen de la realidad; es, en esencia, la confusión que se produce en nuestros cerebros sobre lo que es verdad y lo que es mentira.

En este sentido, los docentes deben prestar especial atención a un fenómeno de la posverdad que está ganando fuerza entre los estudiantes de los niveles preuniversitario y superior: la tendencia a llamar conspiranoico a quien aplica el pensamiento crítico sobre ciertas informaciones, principalmente las obtenidas en internet. Según el diccionario de la RAE, la conspiranoia es “la tendencia a interpretar determinados acontecimientos como producto de una conspiración”. Es importante resaltar que la conspiranoia es una condición real que afecta a muchas personas. No obstante, los jóvenes estudiantes a menudo se pierden en la frontera de lo que es un ejercicio del pensamiento crítico y una condición que consiste en atribuir todo lo que sucede a un plan malévolo de las élites económicas y políticas para manipular y aprovecharse de las masas. Lo cierto es que en internet circula un montón de bulos que distorsionan la verdad con el propósito de enturbiarla y desinformar, manipulando así a las personas.

Un ejemplo claro se encuentra en las redes sociales, donde con frecuencia se publican ciertos bulos con la intención de manipular la opinión pública. Los cibernautas tienen acceso a estos contenidos y, por lo general, tienden a leer los comentarios de las supuestas personas que han reaccionado a la información falsa. Como resultado, muchos concluyen que un porcentaje significativo de la población ya sea local o global, dependiendo del bulo, piensa de una manera determinada. Sin embargo, no se imaginan que, primero, la noticia no es cierta y, segundo, que quienes comentan no son más que un ejército de bots programados para emitir esas opiniones, que suelen ser muy similares, precisamente porque es el efecto que se busca provocar.

Por esta razón, los profesores deben abordar este aspecto y crear conciencia en los estudiantes de que muchos de ellos están siendo víctimas de las malas intenciones de la posverdad, promovida por manipuladores con agendas que buscan crear una legión de imbéciles incapaces de identificar la verdad y luchar por sus propios intereses. Es misión de los educadores orientar a los estudiantes para que eviten ser manipulados y terminen siendo adoctrinados, haciendo causa común con acciones que los perjudiquen y los lleven a la autodestrucción.

Considero que debemos concienciar a nuestros alumnos sobre los peligros de la posverdad y lo que está sucediendo con las noticias y los comentarios por medio de bots. Asimismo, sobre la importancia de analizar sus propias creencias, juicios y opiniones, así como también los de los demás. Con el desarrollo del pensamiento crítico, los estudiantes comprenden el poder que las masas tienen para evitar guerras, depredación del medio ambiente, la legalización y consumo de sustancias nocivas, la implementación de ciertas políticas, el castigo a transgresores de la ley, la mejora de la calidad de vida, el abuso de poder, el saqueo del patrimonio del país, etc. Pensar críticamente es la más poderosa arma para la conquista de mejores condiciones de vida. Es a través de dicha capacidad que desenmascaramos a los malos y perversos y conocemos a los buenos. La conciencia crítica es la meta; esta debe ser tanto una intención como una acción.


sábado, 13 de marzo de 2021

 

Importancia del Proyecto de Vida en el Primer Ciclo del Nivel Secundario

 

“Las cosas no se dicen, se hacen, porque al hacerlas se dicen solas”

                                                         Woody Allen


 Una de las misiones esenciales de la educación secundaria, básicamente en su primer ciclo, es orientar a los estudiantes en la construcción de su proyecto de vida. Por tal razón, es importante comprender el rol que juega la escuela en la creación de conciencia en los educandos sobre sus potencialidades y aspiraciones, de donde deben emanar sus decisiones para elegir la especialidad dentro de las modalidades de estudios para el segundo ciclo y luego para los superiores. Asimismo, es vital fomentar la construcción del ser, que les permita desarrollar una cultura democrática, altruista y solidaria que contribuya con la sana convivencia con las demás personas.

Un proyecto de vida es un plan en el que las personas plasman lo que quieren ser y cómo lo van a lograr. En dicho plan se establecen objetivos y metas sobre sus aspiraciones y sueños en los diferentes ámbitos de la vida, por ejemplo:  espiritual, personal, familiar, profesional y social. En este sentido, los centros educativos deben convertirse en espacios de reflexión, metacognición y autorregulación de los aprendizajes sobre el tipo de persona y de profesional que cada individuo desea ser.

En el plano espiritual, los estudiantes plasman en su proyecto el lugar que ocupará Dios en sus vidas y cómo les servirán. Es labor de los docentes en este ciclo promover la reflexión sobre interrogantes como estas: ¿Quién es Dios?, ¿qué lugar ocupa en mi vida? y ¿qué tipo de instrumento seré para servirle?

En el plano personal, se trabajan los aspectos principales sobre la identidad, las actitudes y valores. Es la oportunidad que tiene la escuela para que los adolescentes descubran su yo como persona, analicen si su proyecto de vida los degrada y afecta otras personas y, de ser así, realicen acciones para trabajar esos elementos destructivos de su yo.  Durante este proceso, se pretende orientar sobre la importancia que tiene el no imponer su proyecto de vida a los demás como una clave para la convivencia social y el sano desarrollo. También, en este ámbito, los alumnos determinan los valores que asumirán y modelarán en su vida, además de autoevaluarse y definir su yo como hijo, hermano, estudiante y amigo.

En el ámbito familiar, los estudiantes consideran, analizan y reflexionan sobre el tipo de familia que incluirían en su plan. Detalles como si piensa casarse y tener hijos, cuantos hijos desearían tener, en qué etapa de su vida se casarían, entre otros aspectos. 

En el ámbito profesional, la escuela tiene el compromiso de ayudar a los discentes a identificar sus talentos y aptitudes con el propósito de que descubran y fortalezcan sus preferencias vocacionales. De esta manera, podrán tomar la mejor decisión al momento de elegir la especialidad del segundo ciclo de secundaria y su carrera universitaria, si es que en su proyecto de vida está contemplado realizar una carrera de grado.

Para que un proyecto de vida sea eficaz, es necesario considerar tres aspectos esenciales. El primero es la actitud positiva. Si no se cree que se puede lograr es muy difícil que se alcance el propósito. Las personas deben tener la certeza de que sus aspiraciones se materializarán. El segundo es que debe llevarse a la práctica. Una vez plasmado lo que se quiere lograr, hay que llevarlo a la acción. Dentro del plan se debe formular preguntas dirigidas a cómo se desea conducir su vida cada día y sobre las actividades que se desea o no realizar. Un plan sin acción no tiene sentido. El tercer elemento es el medio ambiente que juega un rol importantísimo para que el proyecto de vida tenga los resultados esperados. Los docentes deben reflexionar con sus estudiantes las siguientes preguntas: ¿Dónde estoy?, ¿cómo es el entorno donde convivo?, ¿con quién convivo?, ¿las personas con quien convivo aportan a la cultura de vida que deseo construir?

 Esas preguntas podrían ayudar a los educandos a ser cuidadosos al momento de establecer relaciones que podrían alejarlos de su proyecto de vida. Bandura (1984) dice que gran parte de nuestra conducta es adquirida a través del aprendizaje por observación. Tendemos a imitar lo que las personas en nuestro entorno hacen. Es la razón por la cual es de suma relevancia promover desde la escuela el pensamiento crítico para que los adolescentes sean capaces de objetivar la realidad y no adaptarse a ella, sino que su actitud sea transformarla. La construcción del ser humano o profesional que se desea ser es el resultado de la formación de una cultura que combina los elementos mencionados: deseos, actitud positiva, medio ambiente, acción, reflexión y acción nuevamente.

Para elaborar un proyecto de vida es importante considerar los siguientes componentes: el primero es el diagnóstico. Es en este momento cuando visualizamos nuestro punto de partida, es decir analizamos dónde nos encontramos. Es entonces a partir de dicho punto que iniciamos a construir nuestro plan en el que  indicamos lo que se quiere ser y cómo se va a lograr. Se espera que se promueva desde las aulas que los educandos sean capaces de autoevaluarse para identificar sus fortalezas y debilidades con la finalidad de conocerse así mismo, así como también evaluar a su entorno de forma objetiva.

El segundo componente sería establecer los ámbitos del proyecto de vida, dígase: espiritual, personal, escolar, familiar y social. Una vez concluido el diagnóstico es importante determinar las áreas en los cuales se va a trabajar el proyecto de vida. Desde los centros educativos se fomenta no solo el aspecto académico sino también lo relacionado a la ética, la solidaridad y el respeto sin importar el contexto donde el estudiante esté.

El tercer componente consiste en establecer las metas y objetivos. En el primero se plasma lo que se desea alcanzar a largo plazo. y en el segundo se plasman los objetivos a corto y mediano plazo. Es imperativo que se especifique claramente lo que se quiere lograr para que se pueda dar pasos firmes en torno a lo que se persigue.

En ese mismo orden, y como cuarto componente se especifica el tiempo de las metas y objetivos. Establecer metas y objetivos no es suficiente, hay que considerar lo relacionado al tiempo en que se pretende alcanzar. Es en el logro de los objetivos a corto y mediano plazo que podremos acercarnos a la meta.  

Luego, en el quinto componente, pensamos en las estrategias que se utilizarían. Este es uno los elementos fundamentales de un proyecto de vida, ya que tiene que ver con el cómo se lograría la construcción de dicho plan en los diferentes ámbitos de nuestra vida. Este es quizás uno de los aspectos de mayor dificultad para los adolescentes, por tal razón es que, en él, la escuela debe hacer su mayor énfasis, a través de la formación para el desarrollo del aprendizaje autónomo, donde se incluyen: la autogestión de los aprendizajes, la metacognición, la reflexión y la autoevaluación con el propósito que se conviertan en pensadores estratégicos.

En el sexto, se establece quienes serán las personas que darán apoyo durante el proceso para que se pueda llegar a la meta. Se orienta a los discentes para que coloquen en su plan aquellas personas que servirán de soporte dependiendo los objetivos. Desde las aulas los profesores trabajan los valores de cooperación y colaboración. Se forma sobre la base de que bajo una modalidad con dichos valores los resultados son mejores. Se explica con ejemplos tomados de la realidad la diferencia entre el trabajo individual y el que se realiza en equipo, donde se gestione las personas idóneas para lograr lo deseado.

Y, por último, en el séptimo componente se establece la evaluación de las acciones que se están realizando para el logro de la meta. Es importante establecer un proceso constante de reflexión sobre si se está logrando lo que se pretende para ir haciendo ajustes de lo que no está funcionando. Como se dijo anteriormente, la práctica sin reflexión no tiene sentido. Por tal razón, desde la escuela se debe seguir promoviendo una cultura de evaluación y reflexión que permita a los estudiantes identificar los elementos que impiden el logro de sus propósitos.

Considero que uno de los mayores aportes que puede hacer la escuela a aquellos educandos del primer ciclo del nivel secundario es orientarlos y acompañarlos a construir su proyecto de vida porque con ello se contribuye a la formación de personas integrales que saben ser, conocer y hacer. También porque centra la educación en las fortalezas, potencialidades e intereses de los estudiantes, lo cual crea en la escuela un espacio propicio para la motivación y crecimiento de nuestros estudiantes. El proyecto de vida es sin duda uno de los elementos que ayuda a forjar los seres humanos que harán los cambios hacia una sociedad mejor. Es el espejo donde la persona puede ver reflejado con conciencia el valor y potencial de su existencia. 


jueves, 2 de julio de 2020




Autodestrucción por libre albedrío

“Cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es casi incurable”. Voltaire

He estado observando y aprendiendo sobre la tendencia al fanatismo que tenemos los seres humanos y cómo esta nos degrada a tal punto que, si no reaccionamos a tiempo, nos convertimos en instrumentos para que malvados y desquiciados logren sus propósitos. Poco a poco nos vamos autodestruyendo por libre albedrio porque el fanatismo siempre está relacionado a alguna causa y esta causa predicada por líderes que pretenden manejar a otros como si fueran marionetas.   

Las personas por naturaleza buscan líderes para que los guíen en diferentes ámbitos: en el laboral, en el religioso, en el político, en el musical, etc. Muchas personas aprovechan esta debilidad humana y adoctrinan a aquellos que son débiles o con alguna condición especial. Según Hoffer (1982), las personas más propensas para ser adoctrinados son los nuevos pobres, los inadaptados, los egoístas y los pecadores. la principal consigna es el cambio.

El trabajo de adoctrinamiento se concretiza a través de entusiasmar a este tipo de personas quienes luego son capaces de hacer y decir cualquier cosa, por ejemplo, he observado en el ámbito político que la propuesta de algunos líderes se limita a una consigna. Sin embargo, los fanáticos se han creado una ilusión de todo lo que va a ser diferente cuando esos líderes alcancen la posición. Cuando fulano llegue… la educación y la salud serán diferente. Sus líderes no les han explicado en concreto lo que van a hacer, ni lo harán nunca porque no lo consideran necesario, casi siempre no tienen planes u obedecen a ciertos intereses cuya intención es mantener las cosas como están.

El fanático casi nunca tiene conciencia del grado de fanatismo que posee. Existen tres características en un fanático: la primera es que suele tener una ferviente fe irracional en una causa, está lleno de odio y es intolerante al extremo. Por  tal razón, si en el contexto que estamos viviendo sientes que tu candidato es una especie de Semidiós, el más moral, el más ético, el mejor intencionado y tú ni siquiera te has molestado en investigarlo, son síntomas de fanatismo. Puede ser que tu candidato esté aplicando las siguientes leyes del libro las 48 leyes del poder de Robert Greene:  la número 3 que dice, “Disimule sus intenciones”; la número 4, “Diga siempre menos de lo necesario”; la número 11, “Haga que la gente dependa de usted” o la número 12, “Para desarmar a su víctima (usted), utilice la franqueza y la generosidad de forma selectiva”.

Si estás colocando memes y mensajes en las redes sociales fomentando el odio hacia los candidatos que compiten contra el tuyo, que según tú obnubilada mente es un tronco de moralidad, entonces estás dando positivo al fanatismo.

Si estás pensando que tus familiares, amigos y vecinos son unos ignorantes porque simpatizan por un candidato que no es el tuyo, que están equivocados, que no tienen conciencia y que no saben nada de política, entonces, hermano, hermana… el fanatismo ha gangrenado su cerebro y la enfermedad es casi incurable. Usted se está autodestruyendo por libre albedrío.

jueves, 2 de abril de 2020


Competencia de Pensamiento Lógico, Creativo y Crítico en el Nivel de Domino III


Damián Francis
“Todo nuestro conocimiento comienza con los sentidos, luego, procede a la comprensión, y termina con la razón. No hay nada más alto que la razón.”
                                                  Immanuel Kant                                                                                                                                                       
 Una de las aspiraciones para el perfil de egreso de los estudiantes que finalizan la educación secundaria, en el proceso de transición de la sociedad de la información a la del conocimiento, es lograr que la presente y futura generación desarrolle la competencia de pensamiento lógico, creativo y crítico. La respuesta a interrogantes relacionadas con qué implica el desarrollo de esta competencia, según el nuevo paradigma de competencias; cómo ésta ayuda en la elaboración y argumentación de juicios; el uso de la creatividad en situaciones de la vida real y cómo se examina la validez de las ideas propias y las de los demás son esenciales para entender el desarrollo de dicha competencia.  
       
De acuerdo con las bases de la revisión y actualización curricular (2016), la competencia de pensamiento lógico, creativo y crítico implica el procesamiento de representaciones mentales, datos e informaciones por parte de las personas con el fin de construir conocimientos, así como también, el ejercicio de llegar a conclusiones lógicas para la toma de decisiones. Los individuos desarrollan la capacidad de evaluar, reflexionar y argumentar sobre sus propias posturas y las de los demás; abordan la realidad de manera divergente; aprenden a establecer metas a través del uso de medios novedosos y examinan la validez de los juicios y opiniones.
     
Esta competencia está compuesta por el desarrollo de tres tipos de pensamientos diferentes que se abordan en las intervenciones pedagógicas y se aplican en los retos del contexto de manera articulada. El pensamiento lógico consiste en la construcción y evaluación de argumentos y la toma de decisiones. Según las bases de la revisión y actualización curricular (2016), este proceso se puede producir por deducción, inducción o analogía. La aplicación del pensamiento lógico se lleva a cabo por medio de la observación, comparación, clasificación y análisis de los datos, las informaciones, los objetos y fenómenos.  El segundo pensamiento es el creativo. Este consiste en la capacidad de abordar la realidad desde perspectivas no convencionales. Es el uso del pensamiento divergente y la originalidad. Por último, el pensamiento crítico se refiere a la capacidad de analizar la veracidad de las informaciones en las que se basan las opiniones y juicios que las personas emiten. Implica comprender la intención del mensaje considerando los intereses de quien lo envía. 
       
En el nivel 3 de dominio de la competencia de pensamiento lógico, creativo y crítico, los estudiantes del Nivel Secundario, de acuerdo con Piaget (1969), en su teoría sobre el desarrollo cognitivo, corresponden a la etapa de desarrollo de operaciones formales. Según él, los discentes en este estadio poseen la capacidad de analizar y manipular los esquemas de pensamiento, así como hacer uso del razonamiento deductivo.  El desarrollo de la competencia de pensamiento lógico, creativo y crítico implica que los egresados de este nivel de educación elaboren y argumenten sus juicios y opiniones. Esto se logra a través de estrategias y acciones que expongan a los educandos a situaciones o retos del contexto donde puedan establecer relaciones entre conceptos y clasificarlos. Es decir, los estudiantes, a partir de los datos o información manejada pueden comparar, diferenciar y clasificar los conceptos relacionados a lo que se está estudiando. También, desarrollan la capacidad de elaborar las premisas en que se fundamenta su juicio. Esto implica que apliquen y utilicen el razonamiento deductivo, ya que, a través de la comparación, diferenciación, clasificación y análisis de los conceptos, los educandos pueden identificar premisas que proporcionen evidencia confiable y comprobable para sustentar sus juicios y opiniones.  Otra habilidad dentro de este mismo ámbito es la de derivar una o varias conclusiones lógicas a partir de las premisas. Después de un ejercicio organizado y esquematizado en el manejo de los datos o información y la utilización de las premisas que fundamenten sus juicios, los estudiantes deben entonces ser capaces de utilizar una o varias conclusiones lógicas.
     
Un segundo componente de la competencia de pensamiento lógico, creativo y crítico es el de abordar las situaciones y necesidades de forma creativa.  Este elemento corresponde a la aplicación del pensamiento creativo. Los educandos son capaces de identificar las condiciones y características del nuevo contexto. Este es un aspecto esencial para abordar cualquier situación de la vida. Además, los estudiantes desarrollan la capacidad de interpretar una situación desde diferentes perspectivas. De acuerdo a lo planteado por Greene (2017), el pensamiento creativo requiere que las personas aprendan a utilizar la mente original, según este autor, la mente original es la capacidad de ver el mundo de manera directa, es decir, ser flexible y receptivo a nuevas ideas e informaciones y no perder la capacidad de asombro de lo que nuestros sentidos perciben. También dice que, si permitimos que nuestra mente convencional prevalezca en todo momento, perdemos nuestra capacidad creativa.  
      
 Otra capacidad que deben desarrollar los estudiantes en el segundo componente es la de enfrentar las situaciones o retos del contexto de manera original con estrategias y medios diversos. Esto representa una gran oportunidad para que puedan alcanzar la mente dimensional. De acuerdo con Greene (2017), este tipo de mente es la capacidad de transformar todo lo que se asimila en algo nuevo y original donde las personas adquieren una actitud de crear en vez de convertirse en consumidores de conocimiento. El discente es también educado para que sea capaz de ejecutar el pensamiento divergente, pero que también pueda evaluar la efectividad de las estrategias que utiliza de manera original.

El tercer y último componente de la competencia de pensamiento lógico, creativo y crítico es el de examinar la validez de las ideas propias y ajenas.  Está relacionado al pensamiento crítico. Los estudiantes son educados para que sean capaces de verificar las informaciones en las que se basan los juicios y opiniones. Como sociedad tenemos la debilidad de asumir posturas a partir de premisas que no sometemos a la comprobación, en muchas ocasiones somos manipulados a través de información falsa. Por tal razón, es importante que los educandos sean capaces de analizar los valores y principios éticos y estéticos implicados para que no terminen siendo víctimas de persuasión coercitiva. En una ocasión reunido con algunos profesores de inglés, uno de los presentes comentó que había escuchado a alguien decir a través de un medio de comunicación que los estudiantes dominicanos no podrán desarrollar el pensamiento crítico porque son monolingües, es decir, que solo hablan la lengua española, en este caso. Luego de escucharlo, se me ocurrió decirle dos cosas: lo primero fue preguntarle que si los docentes de las otras áreas curriculares como: Matemática, Lengua Española, Ciencias Sociales, Ciencias de la Naturaleza y las demás no habían desarrollado el pensamiento crítico y segundo que antes de llegar a una conclusión de esa magnitud debíamos buscar otras fuentes confiables que nos permitan comprobar si eso era cierto.  Después de leer más de una docena de artículos científicos y capítulos de libros especializados, no hemos encontrado ninguna evidencia de que eso sea cierto, lo que sí pudimos encontrar fue que aquellas personas que han desarrollado el pensamiento lógico, creativo y crítico pueden ser más exitosos para aprender una lengua extranjera y que de manera simultánea se pueden abordar el aprendizaje de una lengua extranjera y el pensamiento crítico, Kumaravadivelu (2008), en este último caso. 
       
Trabajar con los estudiantes el componente de examinar la validez de las ideas propias y la ajenas consiste también en desarrollar la capacidad de comparar diferentes puntos de vista y considerar los intereses envueltos.  En una ocasión se destituyó un Ministro en la República Dominicana. En varios medios de comunicación se desató una campaña en su contra, en ésta se presentaban supuestos actos de corrupción, entre los que estaba la práctica de nepotismo. A pesar de que otros Ministros incurrían en la misma práctica, el grupo interesado en la destitución del ya mencionado no realizó la misma campaña. Sin duda se debió a que el Ministro estaba afectando sus intereses. Dicho grupo presionó y logró imponer a otra persona para que ocupara la posición.  Es por dicha razón que, con el desarrollo de esta competencia, los estudiantes también deben ser formados para que sean capaces de adoptar una postura crítica ante las informaciones y reconocer sus prejuicios.  Según Freire (1965), los individuos deben desarrollar una conciencia crítica para que sean capaces de objetivar la realidad, es decir que a través de ese ejercicio se pueda crear la cultura de visualizar el mundo de manera objetiva. 
           
Considero que es necesario que la competencia de pensamiento lógico, creativo y crítico sea abordada a través de instrucción explícita y el fomento a la autonomía de aprendizaje. Pienso que, en cada intervención pedagógica, los docentes deben explicar a sus estudiantes, cuando en las actividades de aprendizaje que obedecen a retos del contexto demandan el uso del pensamiento lógico, creativo y crítico, así como también orientar a dichos estudiantes a que lo extrapolen a su vida cotidiana haciendo uso de estrategias de aprendizaje metacognitivas y cognitivas. Desde mi óptica, cuando logremos formar una generación de ciudadanos capaces de aplicar de manera consciente la mencionada competencia, sin dudas se producirán cambios significativos en la sociedad en todos los órdenes.