Estilos
de Aprendizaje
Una de las teorías que
más controversia genera en el ámbito pedagógico es la de los estilos de
aprendizaje. Hasta la fecha, se ha llevado a cabo una cantidad considerable de
estudios para comprobar su validez. Sin embargo, la evidencia disponible no ha
demostrado de manera consistente su validez ni que adaptar la enseñanza de
estos supuestos estilos mejore el aprendizaje. Por tal razón, muchos académicos
catalogan esta creencia como un mito. A continuación, se explica qué son los
estilos de aprendizaje, qué incidencia tienen en la filosofía de enseñanza de
los docentes, cómo los aplican en su práctica pedagógica y cuáles son algunas
de las consecuencias en los aprendizajes de los estudiantes.
De acuerdo con Holmes
(2016), los estilos de aprendizaje son las preferencias individuales de los
estudiantes para aprender nueva información. Es decir que, según algunos
autores, la preferencia de los alumnos sobre cómo se les presenta la información
determina la efectividad del aprendizaje. Esto incluye las técnicas, los
recursos y el entorno donde se construye el conocimiento. Existen varias
teorías sobre la clasificación de los estilos de aprendizaje, pero en este
trabajo solo se presentan los más conocidos por el profesorado dominicano,
entiéndase: el auditivo, visual y kinestésico. El primero hace referencia a la
preferencia por los sonidos, las conversaciones y explicaciones de manera oral.
El segundo consiste en la predilección por las representaciones escritas, los
mapas, los diagramas, las imágenes, etc. Y el tercero se refiere a la
preferencia por el movimiento, la experiencia directa, la realización de
actividades físicas y la manipulación de lo que se pretende aprender.
Es importante señalar que
una cosa es la predilección de los estudiantes y otra, la manera en que
funciona el canal sensorial para el aprendizaje. En los estudios realizados por
Coffield et al. (2004), se señalaron importantes problemas conceptuales,
psicométricos y metodológicos en numerosos modelos de estilos de aprendizaje,
cuestionando la solidez de su utilización para clasificar a los estudiantes y
orientar la enseñanza. Así que la hipótesis de que, dependiendo de la
preferencia del alumno, el aprendizaje es más efectivo se debilita. Stahl
(1999), por su parte, tomó una muestra de estudiantes para aplicar la
instrucción considerando los estilos de aprendizaje preferidos de cada uno. Se
esperaba que, cuando finalizara la instrucción y se evaluara a los alumnos a
través de una prueba, los resultados arrojaran que los que expresaron ser
auditivos aprobarían la prueba de auditivos, los visuales, la de visuales y los
kinestésicos, la de los kinestésicos. Empero, no sucedió así: los resultados no
lo evidenciaron. Por tal razón, el autor criticó la fiabilidad de las pruebas.
La reflexión sobre este
fenómeno se orienta hacia la filosofía de enseñanza de los docentes, quienes
están convencidos de que gran parte del éxito de su práctica depende de su
capacidad para identificar los diferentes estilos de aprendizaje de sus estudiantes.
Imagínense: si la premisa de la que se parte para planificar está basada en un
mito, ¿cómo podrían obtenerse los resultados de aprendizaje esperados? Aunque
es bueno resaltar que la estrategia de incluir una diversidad de actividades
para presentar la información es validada por algunos trabajos de
investigación, partiendo de la premisa de que la utilización de diferentes
representaciones y modalidades puede favorecer el aprendizaje cuando estas son
pertinentes para la naturaleza del contenido y contribuyen a establecer
relaciones significativas entre las representaciones. Esos resultados no
validan la creencia sobre los estilos de aprendizaje porque no guardan relación
alguna con ella. En ese sentido, Portero-Tressera et al. (2023) señalan que la
modalidad sensorial en la que se presenta la información no se determina por el
estilo de aprendizaje de los estudiantes, sino que es el objeto de estudio el que
indica la pertinencia de la modalidad sensorial idónea para la enseñanza. Los
autores presentan un ejemplo para aprender música. Explican que el canal
auditivo es el más apropiado para ello, por lo que, si se utiliza otro, los
resultados no serían los esperados.
No se puede negar que la teoría
de los estilos de aprendizaje es muy atractiva y, en cierto modo, tiene lógica,
ya que tiende a confundirse con la diversidad de modalidades para exponer a los
estudiantes al objeto de estudio. Por ejemplo, Reid (1987) desarrolló un
instrumento para identificar preferencias perceptuales; sin embargo, estudios
posteriores han cuestionado su fiabilidad y su validez de constructo. Asimismo,
Dunn et al. (1995) publicaron los resultados de sus estudios sobre la hipótesis
de correspondencia sobre la efectividad del aprendizaje cuando se consideran
las preferencias de los estudiantes. Por ejemplo, según esta hipótesis, los estudiantes
auditivos aprenden mejor si la instrucción se realiza de manera auditiva. No
obstante, estudios posteriores obtuvieron resultados totalmente divergentes. Lo
cierto es que, a lo largo de la historia, los supuestos trabajos de
investigación que presentan resultados, afirmando la supuesta correspondencia
entre las preferencias de los estudiantes y los resultados de aprendizaje, posteriormente
no han podido ser reafirmados en otros estudios.
Algunas de las
consecuencias de la creencia sobre los estilos de aprendizaje son que se puede
cometer el error de hacer un diagnóstico basado en un mito que, a su vez,
configura la práctica del docente en torno a la clasificación de los
estudiantes de acuerdo con su predilección sensorial. Este tipo de decisiones
privaría de exponer a la generalidad de los estudiantes a diversas formas de
aproximarse a la información, cuando lo ideal es la diversificación de la
propuesta docente, debido a que nuestras modalidades sensoriales (vista, oído,
tacto, gusto y olfato) están bien estudiadas y se conoce su ubicación a nivel
cortical. Por ejemplo, el funcionamiento perceptivo requiere la interacción
entre las modalidades sensoriales. De acuerdo con Portero-Tressera et al.
(2023): “Para poder integrar todas las informaciones, darles un significado y
saber que aquello que veo, es aquello que oigo, que huele de esta manera y que
tiene esta textura concreta.”
En conclusión, la evidencia
disponible que permita afirmar que las teorías de los estilos de aprendizaje
cumplen con el rigor científico es poco concluyente, por lo que puede ser
considerada un mito. Un mito que perjudica la validez del diagnóstico de los
educadores. Cuando esto se produce, se corre el riesgo de tomar decisiones
basadas en premisas erróneas que afectan la práctica docente y, a su vez, los
aprendizajes de los estudiantes, privándolos de la diversificación de
actividades que los expongan a diversas situaciones en las que se presente la
información a través de las distintas modalidades sensoriales. Los estudios
demuestran que los seres humanos necesitan integrar información procedente de
todas las modalidades sensoriales para comprender la información fragmentada extraída
de sus sentidos. En educación existe un principio inexorable, el cual afirma
que, para lograr una práctica pedagógica exitosa, se debe conocer a los
estudiantes.
Referencias
Coffield, F., Ecclestone, K., Moseley, D., & Hall, E. (2004). Learning
styles in post-16 learning: A systematic and critical review. Learning and
Skills Research Centre.
Dunn, R., Griggs, S. A., Olson, J., Beasley, M., & Gorman, B. S.
(1995). A meta-analytic validation of the Dunn and Dunn model of learning-style
preferences. The Journal of Educational Research, 88(6), 353–362.
https://doi.org/10.1080/00220671.1995.9941181
Holmes, J. D. (2016). Myth: Students learn better when teaching methods
match their preferred learning style. En J. D. Holmes (Ed.), Great myths of
education and learning (pp. 49–65). Wiley.
Portero-Tressera, M., Ferrero, M., &
Ibáñez, A. (2023). Evidencias y mitos en educación: Aportaciones de la
psicología y las neurociencias. Fundación
SM.
Reid, J. M. (1987). The learning style preferences of ESL students. TESOL
Quarterly, 21(1), 87–111. https://doi.org/10.2307/3586356
Stahl, S. A. (1999). Different strokes for different folks? A critique
of learning styles. American
Educator, 23(3),
27–31.
Hello bro. I totally agree that theories about learning styles are a myth. The fact is that we are sensory beings, and our senses respond when they are stimulated. However, learners need to engage in other actions beyond their preferences in order to internalize any material and turn it into learning.
ResponderEliminarDespués de leer tan interesante articulo, me pongo a reflexionar sobre las veces que oigo a estudiantes, allegados, entre otros diciendo eso que aprenden mejor con una música de fondo. Me parece muy atinada la conclusión de muchos expertos en el area, "siempre y cuando la tarea requiera enfoque, con el fin de aprendizaje" el mismo se dificulta. Lo he experimentado en contadas ocasiones y no me ha servido. Lo tomaré en cuenta tanto en mi am iente laboral como en la vida diaria. Mucĥthas gracias.
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