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miércoles, 12 de agosto de 2026

 


Estilos de Aprendizaje

  

Una de las teorías que más controversia genera en el ámbito pedagógico es la de los estilos de aprendizaje. Hasta la fecha, se ha llevado a cabo una cantidad considerable de estudios para comprobar su validez. Sin embargo, la evidencia disponible no ha demostrado de manera consistente su validez ni que adaptar la enseñanza de estos supuestos estilos mejore el aprendizaje. Por tal razón, muchos académicos catalogan esta creencia como un mito. A continuación, se explica qué son los estilos de aprendizaje, qué incidencia tienen en la filosofía de enseñanza de los docentes, cómo los aplican en su práctica pedagógica y cuáles son algunas de las consecuencias en los aprendizajes de los estudiantes.

De acuerdo con Holmes (2016), los estilos de aprendizaje son las preferencias individuales de los estudiantes para aprender nueva información. Es decir que, según algunos autores, la preferencia de los alumnos sobre cómo se les presenta la información determina la efectividad del aprendizaje. Esto incluye las técnicas, los recursos y el entorno donde se construye el conocimiento. Existen varias teorías sobre la clasificación de los estilos de aprendizaje, pero en este trabajo solo se presentan los más conocidos por el profesorado dominicano, entiéndase: el auditivo, visual y kinestésico. El primero hace referencia a la preferencia por los sonidos, las conversaciones y explicaciones de manera oral. El segundo consiste en la predilección por las representaciones escritas, los mapas, los diagramas, las imágenes, etc. Y el tercero se refiere a la preferencia por el movimiento, la experiencia directa, la realización de actividades físicas y la manipulación de lo que se pretende aprender.

Es importante señalar que una cosa es la predilección de los estudiantes y otra, la manera en que funciona el canal sensorial para el aprendizaje. En los estudios realizados por Coffield et al. (2004), se señalaron importantes problemas conceptuales, psicométricos y metodológicos en numerosos modelos de estilos de aprendizaje, cuestionando la solidez de su utilización para clasificar a los estudiantes y orientar la enseñanza. Así que la hipótesis de que, dependiendo de la preferencia del alumno, el aprendizaje es más efectivo se debilita. Stahl (1999), por su parte, tomó una muestra de estudiantes para aplicar la instrucción considerando los estilos de aprendizaje preferidos de cada uno. Se esperaba que, cuando finalizara la instrucción y se evaluara a los alumnos a través de una prueba, los resultados arrojaran que los que expresaron ser auditivos aprobarían la prueba de auditivos, los visuales, la de visuales y los kinestésicos, la de los kinestésicos. Empero, no sucedió así: los resultados no lo evidenciaron. Por tal razón, el autor criticó la fiabilidad de las pruebas.

La reflexión sobre este fenómeno se orienta hacia la filosofía de enseñanza de los docentes, quienes están convencidos de que gran parte del éxito de su práctica depende de su capacidad para identificar los diferentes estilos de aprendizaje de sus estudiantes. Imagínense: si la premisa de la que se parte para planificar está basada en un mito, ¿cómo podrían obtenerse los resultados de aprendizaje esperados? Aunque es bueno resaltar que la estrategia de incluir una diversidad de actividades para presentar la información es validada por algunos trabajos de investigación, partiendo de la premisa de que la utilización de diferentes representaciones y modalidades puede favorecer el aprendizaje cuando estas son pertinentes para la naturaleza del contenido y contribuyen a establecer relaciones significativas entre las representaciones. Esos resultados no validan la creencia sobre los estilos de aprendizaje porque no guardan relación alguna con ella. En ese sentido, Portero-Tressera et al. (2023) señalan que la modalidad sensorial en la que se presenta la información no se determina por el estilo de aprendizaje de los estudiantes, sino que es el objeto de estudio el que indica la pertinencia de la modalidad sensorial idónea para la enseñanza. Los autores presentan un ejemplo para aprender música. Explican que el canal auditivo es el más apropiado para ello, por lo que, si se utiliza otro, los resultados no serían los esperados.

No se puede negar que la teoría de los estilos de aprendizaje es muy atractiva y, en cierto modo, tiene lógica, ya que tiende a confundirse con la diversidad de modalidades para exponer a los estudiantes al objeto de estudio. Por ejemplo, Reid (1987) desarrolló un instrumento para identificar preferencias perceptuales; sin embargo, estudios posteriores han cuestionado su fiabilidad y su validez de constructo. Asimismo, Dunn et al. (1995) publicaron los resultados de sus estudios sobre la hipótesis de correspondencia sobre la efectividad del aprendizaje cuando se consideran las preferencias de los estudiantes. Por ejemplo, según esta hipótesis, los estudiantes auditivos aprenden mejor si la instrucción se realiza de manera auditiva. No obstante, estudios posteriores obtuvieron resultados totalmente divergentes. Lo cierto es que, a lo largo de la historia, los supuestos trabajos de investigación que presentan resultados, afirmando la supuesta correspondencia entre las preferencias de los estudiantes y los resultados de aprendizaje, posteriormente no han podido ser reafirmados en otros estudios.

Algunas de las consecuencias de la creencia sobre los estilos de aprendizaje son que se puede cometer el error de hacer un diagnóstico basado en un mito que, a su vez, configura la práctica del docente en torno a la clasificación de los estudiantes de acuerdo con su predilección sensorial. Este tipo de decisiones privaría de exponer a la generalidad de los estudiantes a diversas formas de aproximarse a la información, cuando lo ideal es la diversificación de la propuesta docente, debido a que nuestras modalidades sensoriales (vista, oído, tacto, gusto y olfato) están bien estudiadas y se conoce su ubicación a nivel cortical. Por ejemplo, el funcionamiento perceptivo requiere la interacción entre las modalidades sensoriales. De acuerdo con Portero-Tressera et al. (2023): “Para poder integrar todas las informaciones, darles un significado y saber que aquello que veo, es aquello que oigo, que huele de esta manera y que tiene esta textura concreta.”

En conclusión, la evidencia disponible que permita afirmar que las teorías de los estilos de aprendizaje cumplen con el rigor científico es poco concluyente, por lo que puede ser considerada un mito. Un mito que perjudica la validez del diagnóstico de los educadores. Cuando esto se produce, se corre el riesgo de tomar decisiones basadas en premisas erróneas que afectan la práctica docente y, a su vez, los aprendizajes de los estudiantes, privándolos de la diversificación de actividades que los expongan a diversas situaciones en las que se presente la información a través de las distintas modalidades sensoriales. Los estudios demuestran que los seres humanos necesitan integrar información procedente de todas las modalidades sensoriales para comprender la información fragmentada extraída de sus sentidos. En educación existe un principio inexorable, el cual afirma que, para lograr una práctica pedagógica exitosa, se debe conocer a los estudiantes.

 

Referencias

Coffield, F., Ecclestone, K., Moseley, D., & Hall, E. (2004). Learning styles in post-16 learning: A systematic and critical review. Learning and Skills Research Centre.

Dunn, R., Griggs, S. A., Olson, J., Beasley, M., & Gorman, B. S. (1995). A meta-analytic validation of the Dunn and Dunn model of learning-style preferences. The Journal of Educational Research, 88(6), 353–362. https://doi.org/10.1080/00220671.1995.9941181

Holmes, J. D. (2016). Myth: Students learn better when teaching methods match their preferred learning style. En J. D. Holmes (Ed.), Great myths of education and learning (pp. 49–65). Wiley.

Portero-Tressera, M., Ferrero, M., & Ibáñez, A. (2023). Evidencias y mitos en educación: Aportaciones de la psicología y las neurociencias. Fundación SM.

Reid, J. M. (1987). The learning style preferences of ESL students. TESOL Quarterly, 21(1), 87–111. https://doi.org/10.2307/3586356

Stahl, S. A. (1999). Different strokes for different folks? A critique of learning styles. American Educator, 23(3), 27–31.

 

2 comentarios:

  1. Hello bro. I totally agree that theories about learning styles are a myth. The fact is that we are sensory beings, and our senses respond when they are stimulated. However, learners need to engage in other actions beyond their preferences in order to internalize any material and turn it into learning.

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  2. Después de leer tan interesante articulo, me pongo a reflexionar sobre las veces que oigo a estudiantes, allegados, entre otros diciendo eso que aprenden mejor con una música de fondo. Me parece muy atinada la conclusión de muchos expertos en el area, "siempre y cuando la tarea requiera enfoque, con el fin de aprendizaje" el mismo se dificulta. Lo he experimentado en contadas ocasiones y no me ha servido. Lo tomaré en cuenta tanto en mi am iente laboral como en la vida diaria. Mucĥthas gracias.

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