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domingo, 30 de diciembre de 2018



Competencia de Desarrollo Personal y Espiritual


“Ama a las personas y no a las cosas. Usa las cosas y no a las personas.”
Spencer W. Kimball.


En el paradigma de la educación con enfoque de competencias, la meta esencial es la formación de personas integrales, capaces de aplicar los saberes adquiridos a través de procedimientos idóneos en los diversos contextos en los que se les requiera para la resolución de cualquier problemática, sin dejar de lado los principios éticos que contribuyan con la convivencia y el bien común. Ser competente, según Tobón (2010) implica saber ser, saber hacer y saber conocer. La concreción de estos tres saberes es precisamente lo que los expertos llaman desarrollo integral de los seres humanos. Una de las 7 competencias fundamentales del currículo dominicano es la de desarrollo personal y espiritual. Esta está relacionada al desarrollo del saber ser.

De acuerdo con información obtenida de las Bases de la Revisión y Actualización Curricular (2016), la competencia de desarrollo personal y espiritual es aquella que permite a la persona valorarse a sí misma y a los demás, equilibrar sus propias necesidades, deseos y proyectos con los de sus pares y abrirse a la trascendencia. El desarrollo de esta competencia produce autosatisfacción en el plano personal y buena convivencia en el plano social. Conforme con lo planteado por Tobón (2010), “la sociedad es una estructura compleja de grupos e individuos, que se mantiene unida por una maraña de relaciones sociales.” Por tal razón, las personas competentes en el ámbito personal y espiritual logran ser felices sin la necesidad de imponer su proyecto de vida a los demás y ser tolerantes sin dejar de ser ellos o ellas mismas.

Para el dominio de la competencia de desarrollo personal y espiritual, las personas deben desarrollar una autoimagen equilibrada y una sana autoestima. Esto implica que el individuo conozca su cuerpo y valore los cambios que este experimenta. Nuestras niñas, adolescentes y jóvenes están muy influenciadas por modelos que promueven el patrón de belleza de senos y nalgas grandes, de uñas, cabello y pestañas postizas. Esta situación se ha convertido en una cultura y no es más que el reflejo de un proceso de domesticación en el que se evidencia la pobre valoración de si mismas. Otro elemento para el desarrollo de una autoimagen equilibrada y una sana autoestima es que la persona conozca sus fortalezas, sus talentos y limitaciones. Una de las responsabilidades que tiene la escuela secundaria, en la que los adolescentes inician un proceso de desarrollo del nivel tres de dominio de las competencias fundamentales, es ayudar a los alumnos a construir su proyecto de vida, lo que implica la realización de un análisis crítico de sus potencialidades y limitaciones.

En ese mismo orden, para el desarrollo del saber ser, las personas deben tener la capacidad de identificar y expresar sus emociones y sentimientos. Este es uno de los retos que tienen los educadores con sus estudiantes. La educación formal dominicana tiene de frente a la educación informal que de manera creciente está imponiendo la cultura del tener y no del ser. Sus promotores apuestan a una cultura del silencio en la que las personas no logran objetivar la realidad y conocerla de forma crítica, es más bien, mantener a la población en el tipo de conciencia que Paulo Freire llamó “semiintransitiva.”  Una persona con una sana autoestima es capaz de expresar sus emociones y sentimientos sin temor a que le afecte la opinión de los demás. Conoce su valor como ser humano y no permite que nadie violente su dignidad.

Otro elemento que se debe tomar en cuenta para el desarrollo de una autoimagen equilibrada y una sana autoestima es lograr que los estudiantes aprendan a emitir juicios de valor de sí mismos, a partir de sus fortalezas, debilidades e historia personal. Una equilibrada autoimagen implica evitar convertirse en narcisista. Se debe desarrollar una autovaloración positiva, no obstante, el desarrollo personal significa visualizarse como ser humano, lo que quiere decir que se es imperfecto, con limitaciones, que se cometen errores y se aprende de ellos.

Además de lo antes mencionado, para el desarrollo de la competencia de desarrollo personal y espiritual, las personas aprenden a establecer relaciones constructivas y colaborativas.  Significa que se debe poner en práctica la comprensión, la compasión, la valoración de la dignidad y la sensibilidad a las necesidades de los demás. También se debe evitar el dogmatismo. Una de las características de las personas que no han desarrollado la competencia de desarrollo personal y espiritual es que son cerradas a las opiniones y críticas de los demás. Es una buena idea la formación sobre la base de la apertura a las críticas constructivas bien intencionadas que no laceren la dignidad de la persona.  Que no es lo mismo sucumbir a las manipulaciones maliciosas y presiones de grupo. Muchos jóvenes caen en los brazos de la drogadicción, el alcoholismo y la hookah por presiones de grupos. Se ha constituido en cultura, la diversión tóxica, esto se debe en gran medida a la ausencia del desarrollo de una conciencia crítica. 

Un sujeto crítico según Freire (1987) tiene la capacidad de visualizar la realidad de su entorno, analizarla y no adaptarse a ella sino transformarla.  La cultura de la diversión tóxica nos dice que no se ha desarrollado una conciencia crítica.  Los jóvenes deberían tener como norte la libertad en todos los sentidos, convertirse en un toxicomaníaco es una especie de esclavitud que trae como consecuencia pérdida del autocontrol.  

Otro componente de la competencia de desarrollo personal y espiritual es lograr que la persona descubra su ser en relación con la trascendencia.  Los individuos crean conciencia y cultivan su dimensión espiritual. También son capaces de reflexionar sobre su ser interior, acerca de la coherencia de lo que siente, piensa, dice y hace. Además, Tolera y respeta las creencias de los demás, así como también reconoce y se documenta sobre los aportes de las religiones al desarrollo del ser en la humanidad como propiciador del bien común y la trascendencia.

Y como último componente de la competencia de desarrollo personal y esperitual obtenido de las Bases de la Revisión y Actualización Curricular (2016) está el logro de la creación de la cultura en las personas de proyectar su futuro y misión en la vida con autonomía, realismo y optimismo. Una de las principales aspiraciones humanas es la felicidad y la plenitud. Con la conciencia de que, sin felicidad, no hay sensación de plenitud, por ende, hacer cultura del fomento de una actitud positiva y propositiva  ayuda al dominio de la competencia de desarrollo personal y espiritual. Las personas aprenden a conocerse a sí mismos y buscar las estrategias para alcanzar sus metas y para contribuir a la transformación de su realidad.

Para el dominio de la competencia de desarrollo personal y espiritual se debe crear la cultura del ser y desmontar la del tener. En el diseño curricular dominicano, esta competencia es una de las grandes intenciones, es responsabilidad de todos que esto vaya más allá de una gran intención y no muera y permanezca en el papel, es imperativo que se haga verbo. Los responsables de la educación informal (medios masivos de comunicación, tales como: la radio, la internet, la televisión, el cine, el teatro, entre otros) deben actuar en consonancia con la educación formal. El desarrollo del ser debe verse en los aportes de la literatura, de la música, de la publicidad, del teatro, del cine y de las artes plásticas. En las escuelas, debemos someternos a un estudio, análisis y reflexión constante que nos permita cada día lograr la coherencia interna entre lo que dice el currículo y nuestra práctica pedagógica.  Como educadores tenemos la obligación de predicar con el ejemplo. Debemos dar señales de que estamos en un proceso permanente de desarrollo del ser para poder introducir a nuestros estudiantes en esa dinámica.  Dice Greene (2017) que el cerebro es un músculo que si no se ejercita se atrofia. Lo mismo sucede con el desarrollo del ser. Este es como si fuera un músculo, si no se pone en práctica no se desarrolla. Para ser humano hay que aprender a saber ser.      

     
     

domingo, 15 de abril de 2018




The Importance of a Positive Attitude in Foreign Language Learning and Teaching


Damián Francis

Beyond theories, myths, and beliefs about effective approaches, methods, and techniques used to develop communicative competence in a foreign language, attitude is a factor that must be taken into account. The teaching of English and French is included in the curriculum of the Dominican Republic; however, when students complete their studies, many do not develop the expected level of competence in these languages. Besides factors such as motivation, exposure, interaction, and methodology, attitude also determines the success of learning a target language.

According to Oroujlou and Vahedi (2011), attitude is a set of beliefs that individuals hold toward an object. These beliefs determine their likes and dislikes. When it comes to foreign language teaching and learning, attitude plays an important role in achieving the goal of communicating ideas in the target language. Many language experts believe that the problem of negative attitudes exists only among students; however, the fact is that the attitudes of educators, coordinators, and school principals also influence students' language learning.

In schools where principals have a traditional mindset, the priority is for students to master the four subjects included in the national standardized examination taken at the end of secondary school (Spanish, Mathematics, Social Studies, and Science). For this reason, some principals do little to support foreign language teachers in improving their teaching practice. School principals are responsible for leading their schools and ensuring that educational policies are implemented. If they have a negative attitude toward foreign languages, it will be difficult for students to achieve the goals established in the curriculum for English and French. Some principals view foreign languages as merely another school subject rather than as languages that students should develop the ability to use for listening, speaking, reading, and writing.

When it comes to coordinators, these professionals are responsible for helping teachers improve their instructional practice. If coordinators have a negative attitude toward foreign language education, they will not be able to motivate or effectively support their teachers. When a new foreign language teacher is hired to work in a public or private school, proper training is essential. In many cases, teachers do not teach what they are expected to teach because there is no clear plan or well-defined goal for developing students' communicative competence. For this to be possible, schools need a shared philosophy and a clear vision.

In the case of students, their attitude toward language learning is often influenced by the attitudes of their teachers. During professional meetings, foreign language teachers frequently say that it is difficult to develop students' communicative competence because the students show little interest in learning. However, this lack of interest is often related to what teachers do in the classroom to motivate students and help them fall in love with the language, so to speak. Unfortunately, many students develop a negative attitude toward foreign languages because their teachers fail to consider their interests and needs, do not make their classes engaging, and, worst of all, sometimes underestimate their students' ability to learn the target language.

A high percentage of foreign language educators believe that most public school students will never be able to learn the target language because they assume that students' negative attitude is innate. However, this is simply a myth. According to Oroujlou and Vahedi (2011), in their study on motivation, attitude, and their influence on effective language learning, students' negative attitudes can be changed because they are acquired rather than innate.

Ortega (2013) explains that a negative attitude toward language learning may arise because students perceive it as something that lacks relevance or meaning in their lives. It is difficult to understand how, in a developing country, students could believe that learning a foreign language—especially English—is unimportant, considering its value for professional development and as a means of earning a living.

From my viewpoint, students in both public and private schools often fail in their attempts to learn a foreign language because they develop a negative attitude resulting from a lack of motivation and inadequate conditions for developing communicative competence. This situation is largely the consequence of a misguided mindset held by some school principals, coordinators, and foreign language educators.